Tengo un montón de amigos Peluqueros

Es en serio.

Y eso que hace años que no piso una peluquería.

Desde que me compre la máquina de cortar el pelo.

Una de las cosas que más he amortizado, con diferencia.

 

Pero me encanta ver como trabajan los peluqueros.

Concentrados en lo que hacen y comentando el sálvame o el próximo partido de fútbol.

Da igual.

No pierden el foco ni la intensidad.

Impresionante.

 

Voy al peluquero cuando tengo un evento importante.

Ellos, siguen el nacimiento de pelo al cortar, tienen en cuenta la forma de la cabeza, tus facciones, te dejan el cuello bien arreglado, las patillas a la misma altura, saben manejar los remolinos.

Qué te voy a contar.

 

Cuando voy es un festival, mascarilla, lavado, masaje y el corte de pelo por supuesto.

No tardan mucho.

 

Me caen muy bien los peluqueros.

 

No tanto la gente que quiere ir de calvo para no ofender.

Con frases como:

"Pero mira que entradas tengo."

"Si se me cae una barbaridad."

"Antes tenía mucho más pelo."

 

Chorradas, yo sí que tenía más.

 

Ser calvo imprime carácter, aprendes a sacar partido a otras cualidades, aceptas que eres perecedero.

Bien mirado, y bien llevado, es una ventaja competitiva.

Yo abrace la alopecia, después de que un milagroso producto capilar, me abrasara la cabeza y el bolsillo.

 

Aunque te soy sincero, si sale un producto efectivo de verdad, me lo compro y me dejo melena.

Iría cada dos semanas al peluquero, me pondría en manos de un profesional.

 

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Espero que te guste.

 

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